¿Quién pone orden a esta joda, Zavalita?

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Cateriano no revela el nombre de su interlocutor, en el audio de la luz verde, porque algo oscuro esconde. De lo contrario, y si nada posiblemente irregular nos ofreciera este diálogo, el Ministro en cuestión habría pospuesto su revelación para después del fallo de La Haya. Pero no; Cateriano, el Ministro de Zavalita, se ha escudado, se ha cubierto, se ha escondido en la sentencia sobre el límite marítimo con Chile. Rayando en su negativa, se adornó de frases sobre la “unidad nacional” y que primero está la patria. La patria fue y será una tarea permanente. No la hacen los políticos como Cateriano; porque Cateriano está rogando que, si el fallo nos es favorable, cosa probable, la conversación que evidenció a la presidenta del humalismo como la jefa, y a este ministro en minúsculas como su secretario, se podría diluir entre enfebrecidas mayorías que, piensa él, saldrán a celebrar a las calles como si fuese la clasificación que no conseguimos al Mundial.

Lo que se diga en La Haya, más aún si se falla sobre la base de la frontera marítima que sostiene la tesis peruana, se debe recibir con mucha prudencia por los peruanos de bien. No sería ello ningún triunfo, solo el reconocimiento internacional de lo que no se terminó de delimitar tras la indeseada guerra del Pacífico. Pero, a su vez, no “devuelve” nada de ese conflicto que, según Lerner Febres, “estuvo directamente asociado a la percepción de un fracaso nacional”. Esto es un asunto de cartografías justas, de fronteras realistas y resueltas, por el bien y la cautela del derecho mundial.

 

Libéranos de tu Ministro, Zavalita; ya no es el muchachón liberal del Fredemo, ahora hace disfuerzos con tal de un podercito temporal en un escritorio.

 

Así que Cateriano, señora Presidenta nacionalista, señor Presidente, Ministros: permítanse no usar el 27 de enero próximo como un día patriotero, y en el que escupan mugre chauvinista para tapar escándalos caseros, aunque muy urgentes de resolver. Al Ministro de la luz verde, el Congreso debe conminarlo a que revele quién es el misterioso interlocutor; encima sorprendió al pleno diciendo que el audio, según peritaje de parte, de parte suya será, estaba manipulado y editado. Los peritos gubernamentales analizaron el informe de ‘Panorama’ y no el diálogo telefónico. Qué pillo, qué mentiroso resultó este Cateriano; no vaya a ser que, no ahorita, después, tenga que responder por el artículo 128 de la Constitución: “Todos los ministros son solidariamente responsables por los actos delictivos o violatorios de la Constitución o de las leyes en que incurra el Presidente o que se acuerden en Consejo, aunque salven su voto, a no ser que renuncien inmediatamente”. Mejor diga con quién tramaba las compras del PNUD; porque usted no se debe a Nadine y porque, al aferrarse al secretismo, usted queda como sospechoso de decidir, a dedo, qué comprar y a quién. Y eso en el Estado es delito. ¡Encima debería pedir perdón, por hincarse así ante quien no debe!

Y aclaren, o dejen aclarar, señora, señor Humala, quién tuvo la genial idea de dar seguridad policial a una persona comprometida, en los hechos y de acuerdo a archivos judiciales, con Montesinos y sus subordinados, en lo que fue otro poder paralelo que se montó, años atrás, para que se termine de joder el Perú. Y se jodería doblemente este Perú, Zavalita, si resulta que te la jugaste por un probablemente nuevo y embustero poder paralelo; con las truhanerías y vilezas de quienes remedan a los que hoy purgan condena bajo sospecha de ablandamiento. Libéranos de tu Ministro, Zavalita; ya no es el muchachón liberal del Fredemo, ahora hace disfuerzos con tal de un podercito temporal en un escritorio.

Ponte fuerte, Zavalita; los chavistas han vuelto por lo suyo al escuchar a Humala creyéndose Velasco con los medios. Tú sabes, como en el siglo XXI, Zavalita; ya no como Cayo Mierda. Siomi y los suyos redactan una ley que, no ahorita, después, querrá regular las noticias para que estas no enfaden a la señora y al señor. Sálvate, Zavalita, no vaya a ser que hoy, ya viejo, seas parte activa, qué digo, el primer actor de esa triste y cruda respuesta a tu pregunta histórica. No hagas que nos jodamos un poco más, Zavalita; que nos jodamos el Perú y tú, Zavalita.

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