Así despertamos tras la segunda vuelta

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Según los resultados oficiales preliminares, entregados por la ONPE hasta estas últimas horas, PPK sería el próximo presidente del Perú; con cifras muy estrechas, sin embargo, de su rival la señora Keiko Fujimori. Es este panorama, ajustado pero real, el que permite hacer un primer análisis de lo que está pasando en la elección peruana, y de lo que puede suceder (o debería) una vez conocida la votación.

Primero, ¿qué determinó esta diferencia tan mínima? Hasta el domingo 29 (último día para conocer públicamente los sondeos), Keiko aventajaba a PPK entre 4 y 8 puntos, según todas las encuestas. El debate de aquel día pudo haber sido un primer factor, aunque no determinante, del acortamiento de las diferencias. Si bien ambos candidatos se golpearon, PPK pudo cerrar la polémica con el memorable “tú no has cambiado, pelona”; frase que parece haber sellado la idea del trémulo (y poco auténtico) distanciamiento de Keiko con el gobierno de su padre.

Pero eso no fue lo único que asentó este voluminoso crecimiento de PPK; partiendo de la premisa que Keiko la tenía fija hace siete días. Alfredo Torres, presidente de Ipsos, lanzó hace algunas semanas una frase premonitoria: que el caso Ramírez sería para Keiko una “bomba con efecto retardado”. Tal parece que así ha sido. Quién sabe si, tan solo con la denuncia de Cuarto Poder, el asunto no hubiese tenido la repercusión contraria a los fujimoristas. Pero la participación del candidato a vicepresidente, José Chlimper, en un audio del denunciante de Ramírez, torcido y manipulado para el canal de TV de la competencia de Cuarto Poder, parece haber sido un asunto que jugó crucialmente en contra de Keiko Fujimori.

 

No se olvide, amable lector, que Kenji quiere postularse el 2021 como candidato a presidente

 

La artimaña se hizo evidente y Chlimper fue escondido por el equipo de prensa de la candidata, pese a que nunca dio una respuesta contundente que explicara la manipulación. Cometieron un gravísimo error al querer embarrar al piloto Jesús Vásquez. El audio manipulado fue un déjà vu del montesinismo más ruin de los noventa. La memoria de los que dudaban se activó. Los fujimoristas sintieron la pegada. Keiko había quedado asociada al narcotráfico, por la defensa tan a rajatabla de Ramírez. Ni ella pudo deslindar tan enérgicamente con él. Y, al final, el oscuro personaje en cuestión sí estaba siendo investigado por la DEA desde el 2012. La candidata no pudo deslindar de eso con antelación.

Y en el día de la votación, resulta que Kenji Fujimori, el primero que se enfrentó a su hermana candidata, no fue a votar. Si bien se le vio muy adocenado, repartiendo el desayuno a la familia Vilanella-Fujimori, a la hora de los loros no ayudó con su voto a Keiko; a sabiendas de que el ‘tracking’ daba un margen ajustado en la votación. No se olvide, amable lector, que Kenji quiere postularse el 2021 como candidato a presidente, y ese fue el origen del culebrón que se armó con Keiko comenzando la segunda vuelta.

PPK, entonces, sería el próximo presidente. ¿Por qué se señala que tendrá todas las de perder, y será un gobierno “débil”? Si las cifras oficiales confirman las tendencias, PPK tendría la mitad más la cantidad de votos necesaria para gobernar. Eso, en cualquier democracia, se llama mayoría. Los fujimoristas, por su parte, sienten que con los congresistas que han conseguido, serán los que tengan la sartén por el mango. Eso, en mi opinión, es una verdad a medias. PPK tendrá que consensuar, es cierto; pero los fujimoristas no se deben creer el cuento de la mayoría absoluta, pues sus congresistas tendrán que responder a la calle que los examinará de cerca y desde el arranque. Las heridas propinadas entre ambos contrincantes deben sanar pronto, y ambos deben escribir ya la agenda país del quinquenio que viene.

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